https://doi.org/10.53853/encr.10.4.804

Recibido: 16 de marzo de 2023; Aceptado: 10 de julio de 2023

Biomarcadores de riesgo cardio-metabólico-renal: una revisión


Biomarkers of cardiometabolic renal risk: A review

O. Nieto-Cárdenas, 1*

Programa de Medicina, Grupo de Salud Pública, Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad del Quindío, Armenia, Colombia Universidad del Quindío Programa de Medicina Grupo de Salud Pública, Facultad de Ciencias de la Salud Universidad del Quindío Armenia Colombia

*Correspondencia: oanieto@uniquindio.edu.co

Resumen:

Contexto:

el riesgo cardiovascular confluye con el metabólico y el renal.

Objetivo:

revisar los biomarcadores moleculares del riesgo cardio-metabólico-renal en Armenia, Quindío.

Metodología:

una revisión narrativa de los estudios sobre biomarcadores moleculares de riesgo cardio-metabólico-renal relacionados con dislipidemia, hipertensión, eventos coronarios, enfermedad renal, accidente cerebrovascular, retinopatía, obesidad e inflamación.

Resultados:

se presentan 24 estudios relacionados con los biomarcadores de riesgo y la situación encontrada. Los biomarcadores del riesgo cardio-metabólico-renal más usados en la práctica clínica están relacionados con perfil lipídico, colesterol, triglicéridos, LDL y HDL, los cuales hacen parte de la ecuación de Framingham y de los criterios del síndrome metabólico. También se usan frecuentemente la troponina, la creatinina, la glicemia, la hemoglobina glicosilada y la vitamina D. Estudios sobre otros biomarcadores tales como las subfracciones de HDL2 y HDL3, la Apo-A1, la LCAT, la CETP y la PON1, la homocisteína, la ECA, la insulina y la leptina, las MMP o algunas citocinas son limitados y describen el resultado del estudio en toda la población y no específicamente en la población en riesgo.

Conclusiones:

la presente revisión aporta que los biomarcadores del riesgo cardiometabólico más usados en la práctica clínica cotidiana en una ciudad colombiana están relacionados con el perfil lipídico y su tendencia muestra altos niveles de colesterol y bajos de HDL. También son de uso frecuente la troponina, la creatinina, la glicemia, la hemoglobina glicosilada, la TSH y la vitamina D. Además, la evidencia en los estudios sobre el uso de otros biomarcadores moleculares es limitada.

Palabras clave:

enfermedades cardiovasculares, biomarcadores, dislipidemias, hipertensión arterial, obesidad, inflamación..

Abstract:

Background:

Cardiovascular risk converges with metabolic and renal risk.

Purpose:

To review molecular biomarkers of cardiometabolic renal risk in Armenia city and Quindío department, Colombia.

Methodology:

A narrative review of studies on molecular biomarkers of cardiometabolic renal risk related to dyslipidemia, hypertension, coronary events, kidney disease, stroke, retinopathy, obesity, and inflammation.

Results:

We present 24 studies related to risk biomarkers and the situation found. Biomarkers of cardio-metabolic risk most used in clinical practice are related to the lipid profile, cholesterol, triglycerides, LDL and HDL, which are part of the Framingham equation and the metabolic syndrome criteria. Troponin, creatinine, glycemia, glycosylated hemoglobin, and vitamin D are also frequently used.

Studies on the use of other biomarkers such as HDL2 and HDL3 subfractions, Apo-A1, LCAT, CETP and PON1, homocysteine, ACE, insulin and leptin, MMP or cytokines are limited. And some of them describe the results of the study in the entire population and not specifically in the population at risk.

Conclusions:

The present review shows that biomarkers of cardio-metabolic risk most used in daily clinical practice in a Colombian city are related to the lipid profile. And its trend shows high cholesterol levels and low HDL. Troponin, creatinine, glycemia, glycosylated hemoglobin, TSH, and vitamin D are also frequently used. Evidence from studies on the use of other molecular biomarkers is limited.

Keywords:

Cardiovascular diseases, biomarkers, dyslipidemia, arterial hypertension, obesity, inflammation.

Introducción

Las enfermedades cardiometabólicas siguen siendo la principal causa de muerte en el mundo y si bien se define el riesgo cardiovascular como la probabilidad que tiene una persona de sufrir una de estas enfermedades dentro de un determinado plazo, esto depende de la cantidad de factores de riesgo que estén presentes en ese individuo, además, cada vez es más evidente la confluencia del riesgo cardio-metabólico-renal.

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (RAE), una molécula es “la unidad mínima de una sustancia que conserva sus propiedades químicas y puede estar formada por átomos iguales o diferentes” (1). Algunas moléculas se utilizan como biomarcadores, es decir, se pueden medir y sirven para identificar características de un sistema biológico y pueden indicar funcionamiento normal, estados patológicos y ser útiles para monitorear una respuesta terapéutica (2), además, se usan en la práctica clínica para identificar cambios moleculares y mejorar la posibilidad de prevenir el riesgo.

El conocimiento de los biomarcadores de riesgo en una ciudad o departamento de Colombia permite comparar con otras partes del país y del mundo, por lo que es útil para la toma de decisiones en la práctica clínica a nivel local; asimismo, traza una línea base de las investigaciones locales en una problemática de salud de gran impacto social y económico. Por lo anterior, el objetivo del presente artículo es revisar los biomarcadores moleculares del riesgo cardio-metabólico-renal relacionados con la dislipidemia, la hipertensión, el infarto de miocardio, el accidente cerebrovascular, la obesidad y la inflamación que se han investigado en la ciudad de Armenia, Quindío.

Materiales y métodos

Se hace una revisión narrativa de los biomarcadores moleculares de riesgo cardio- metabólico-renal con las palabras relacionadas en la base de Descriptores en Ciencias de la Salud (DeCS) (3) y en la Biblioteca Regional de Medicina (Bireme) en español e inglés, para lo cual se utilizó PubMed (Medline) y Google Scholar como herramientas de investigación bibliográfica. Además, se incluyeron estudios de población adulta y se excluyen los estudios con resultados de intervenciones y cuando se trató de una intervención se presentó la información de la línea base, por lo que se presenta el factor de riesgo, los biomarcadores moleculares utilizados y la situación encontrada.

Resultados

Se identificaron 28 estudios realizados en la ciudad de Armenia y en el departamento del Quindío con relación a los biomarcadores moleculares, de los cuales se excluyeron dos estudios en población infantil y los resultados de intervenciones, por lo que se presentan 24 estudios realizados entre los años del 2011 al 2023 en población general, población universitaria, población de riesgo cardiovascular en primer y tercer nivel de atención, relacionados con la dislipidemia, la hipertensión, la hiperglicemia y la inflamación.

Los biomarcadores moleculares identificados son el perfil lipídico (entre los cuales se evidencian las lipoproteínas tales como las HDL, LDL y sus subfracciones y también las apolipoproteínas como la ApoA; la troponina y la homocisteina); la albúmina y la creatinina; la glicemia, la hemoglobina glicosilada y la insulina; la leptina y las metaloproteinasas de la matriz extracelular; la vitamina D y algunas citocinas como la interleucina-6 el factor de necrosis tisular alfa (tabla 1).

Tabla 1: Estudios relacionados con biomarcadores de riesgo cardio-metabólico-renal en Armenia

Fuente: elaboración propia.

La situación identificada en Armenia

Con respecto a la dislipidemia, Landázuri et al. y el Grupo de Investigación en Enfermedades Cardiovasculares y Metabólicas de la Universidad del Quindío (Gecavyme) describieron un grupo de pacientes hipertensos, a sus familiares y encontraron que el colesterol total (CT) era > 200 mg/dl en el 42,2 % de los casos y que tenían bajos niveles de lipoproteínas de alta densidad (HDL) en el 50,5 % de ellos (4).

En pacientes hipertensos de un programa de RCV con la presión arterial controlada (5), se encontró un perfil lipídico normal con HDL bajas (31,9 ± 8,3 mg/dl), donde las subfracciones de las HDL fueron HDL2 12,4 ± 0,5 mg/dl, HDL3 19,4 ± 0,4 mg/dl y la ApoA-I fue de 1,4 ± 0,2 g/l, es decir que los niveles de HDL3 fueron mayores a los de las HDL2 con la ApoA-I en niveles normales.

Por su parte, García et al. (6) encontraron en estudiantes de Medicina que el CT estuvo en 130,6 ± 24 mg/dl, el HDL en 51,37 mg/dl y las subfracciones de HDL3 (39,63 ± 10,9 mg/ dl) por encima que las HDL2 (12,29 ± 9,8 mg/ dl). También midieron enzimas que regulan el metabolismo de las HDL: la enzima lecitina- colesterol aciltransferasa (LCAT) que se encontró en 64 ± 52 ng/ml y la proteína transportadora de ésteres de colesterol (CETP) en 0,98 ± 0,43 ng/ ml.

Valencia et al. (7) también estudiaron a jóvenes universitarios pero su investigación fue sobre la paraoxonasa 1 (PON1), la cual hidroliza los lípidos oxidados de las lipoproteínas de baja densidad (LDL) y mostraron que los polimorfismos de PON1 no influyen en el colesterol de las HDL, además encontraron en estos jóvenes sanos con HDL bajas (42,85 ± 9,20 mg/dl) y HDL-t PON1 en 96,9 ± 30 kU/l. La actividad de PON1 fue mayor en las subfracciones HDL3.

Otro estudio realizado en población general y con 819 agricultores de la zona cafetera, Landázuri et al. (8) encontraron relación entre la dislipidemia y la enfermedad tiroidea (con valor de p = 0,01 y OR = 1,9). Estos hallaron el CT y las LDL normales, las HDL bajas (39,5 mg/dl) y los triglicéridos (TG) elevados (174,7 mg/dl). La hormona estimulante de la tiroides (TSH) se encontró ≥ 4,6 mIU/l en el 8,1 % de los casos y se encontró que el CT era elevado en el 50,0 % de los individuos con hipotiroidismo manifiesto y en el 31,6 % sin hipotiroidismo.

En un programa de RCV de primer nivel de atención en Armenia (9), se encontró relación entre el diagnóstico de accidente cerebrovascular (ACV) con TG elevados (p = 0,041) y los antecedentes de ACV con bajos niveles de HDL (p = 0,024), donde las HDL en mujeres fueron de 49,5 ± 14,9 mg/dl y en hombres de 39,6 ± 17,5 mg/dl; los TG en 171,8 ± 100,2 mg/dl en mujeres y 151,2 ± 98,3 mg/dl en hombres.

Sobre las metaloproteinasas de la matriz extracelular (MMP-2 y MMP-9) en pacientes hipertensos, se presenta la información de línea base, encontrada antes del ejercicio físico, donde la MMP-2 estuvo en promedio en 42,27 ng/ml y la MMP-9 en 4,81 ng/ml (10).

En relación con los biomarcadores en la hipertensión arterial, se encontraron tres estudios relacionados con la enzima convertidora de angiotensina (ECA), pero no se presentan porque fueron realizados en niños o muestran los resultados de una intervención, lo cual no está en el marco de esta revisión (11-13) y con respecto a la troponina y la homocisteína como biomarcadores de eventos coronarios, se presentan a continuación tres estudios:

1.García et al. (14): en pacientes con síndrome coronario agudo, se observó la relación inversa entre los niveles de folato y homocisteína, donde el cociente de probabilidades de hiperhomocisteinemia en el síndrome coronario agudo fue de 4,45. La homocisteína en los casos (12,4 µmol/l ± 6,0) y en controles fue de 9,7 µmol/l ± 2,4, (p = 0,01) y los niveles de ácido fólico de los casos (10,5 ± 3,5 ng/ ml) fueron inferiores a los de los controles (12,6 ± 3,6 ng/ml) con p = 0,01.

2.Lobo et al. (15): estos autores encontraron prevalencia de infarto de miocardio del 11,8 % en una unidad de cuidados intensivos (UCI) en Armenia, donde el promedio de troponina I ultrasensible fue de 28,2 ng/ml con una edad promedio de 66,8 años. Además, se presentaron complicaciones en el 54,5 % de los casos y la mortalidad fue del 14,1 %.

3.Bedoya et al. (16): en un programa de riesgo cardiovascular de primer nivel se encontró prevalencia de infarto agudo de miocardio del 2,49 %. El colesterol HDL estaba bajo, en 39,61 mg/dl para hombres y en 46,58 mg/dl para mujeres, además, el colesterol LDL estaba en 110,04 mg/ dl. En esta investigación, los mayores factores de riesgo fueron la hipertensión arterial en un 84 %, el sedentarismo en un 63,48 %, el sobrepeso con 40,61 % y la obesidad con 13,98 %.

Con respecto a la función renal y la ERC, se identifican como biomarcadores la creatinina y la albúmina, con los cuales se calcula la tasa de filtración glomerular (TFG) y el estadio renal.

En una comunidad universitaria en Armenia, Nieto Cárdenas y Serna Flórez (17) encontraron la creatinina en límites normales (1,06 mg/dl) y la TFG fue normal en los estudiantes (≥ 91 ml/ min/1,73 m2), con una disminución leve en el grupo de administrativos (≥ de 75 ml/min/1,73 m2) y una diferencia significativa de p ≤ 0,01.

Por su parte, Álvarez et al. (18) determinaron la tasa de filtración glomerular (TFG) en pacientes de una población de riesgo cardiovascular con edad promedio de 65,69 años y un IMC de 27,76 m2/kg, donde el 86,46 % presentaba hipertensión arterial y el 25,78 % diabetes. En estos casos la creatinina fue de 0,94 ± 0,27 mg/dl y el RCV calculado con Framingham fue del 11,28 %, el cual aumentó a medida que la TFG disminuyó.

En otra investigación, en un programa de RCV, Castañeda et al. (19) encontraron una prevalencia de diabetes mellitus del 34,14 % y de ERC entre 22,41 % y 38,79 %, según la ecuación, donde el promedio de creatinina fue de 0,93 mg/dl y de albuminuria de 64,08 mg/g. La albuminuria fue normal en el 69,83 %, la microalbuminuria en el 25 % y la macroalbuminuria en el 5,17 %.

Por último, García et al. (20) estudiaron los valores basales a nivel hepático, renal y muscular en deportistas universitarios, donde la creatinina presentó diferencias y fue mayor en los voleibolistas (1,10 mg/dl) que en los futbolistas (1,0 mg/dl) con un valor de p = 0,001.

Con respecto a la retinopatía, se han descrito las características de los pacientes de una clínica oftalmológica, la retinopatía diabética tuvo una prevalencia del 1,65 % y la retinopatía hipertensiva del 0,22 %. La retinopatía diabética no proliferativa (RDNP) se encontró en el 62,06 % y la retinopatía diabética proliferativa (RDP) en el 37,93 %, donde la glicemia promedio fue de 148,5 mg/dl y la hemoglobina glicosilada promedio fue del 9,02 %. Además, el edema macular diabético (EMD) fue más frecuente en hombres (48,27 %) que en mujeres (37,93 %) y la comorbilidad más habitual fue la diabetes (98,28 %), seguida por la hipertensión arterial (60,34 %), ambas más usuales en hombres (21).

Sobre el estado nutricional descrito en una comunidad universitaria (22), se encontró el perímetro abdominal en 78,22 cm en estudiantes, 91,25 cm en docentes y 87,51 cm en administrativos, donde el IMC fue de 23,52, 25,87 y 26,38, respectivamente. La albúmina estuvo en promedio en 4,6 ± 0,33 g/dl, las globulinas en 2,48 ± 0,49 g/dl y las proteínas en 7,08 ± 0,44 g/ dl, es decir, en límites normales. Adicionalmente, el perfil lipídico también fue normal, excepto el colesterol HDL, donde se presentó con valores de 44,26 mg/dl en mujeres y 37,95 mg/dl en hombres (p = 0,001), donde los TG también presentaron diferencias significativas: 129,18 mg/dl en mujeres y 163,39 mg/dl en hombres (p= 0,009).

Con respecto al síndrome metabólico (MetS), se encontraron tres estudios en Armenia. Es importante precisar que algunos biomarcadores moleculares hacen parte también de sus criterios diagnósticos tales como los triglicéridos, las HDL y la glicemia en ayunas.

En una población de conductores de servicio público de sexo masculino, Rodríguez et al. (23) encontraron que el 49,57 % cumplía con los criterios diagnósticos de síndrome metabólico (MetS), donde el promedio del IMC fue de 28,03 kg/m2 y el perímetro abdominal de 100,09 cm. Los autores manifestaron que los conductores de servicio público presentaron un perfil de riesgo aumentado para síndrome metabólico, la obesidad, la hipertrigliceridemia (207,53 mg/ dl) y los bajos niveles de HDL (33,12 mg/dl), los cuales fueron los principales biomarcadores para el diagnóstico de MetS.

En el grupo de conductores que cumplía con los criterios de síndrome metabólico (24), se identificaron los niveles de leptina y metaloproteinasas MMP-2 y MMP-9 y se encontraron IMC de 29,81 kg/m2 y perímetro abdominal de 105,75 cm, además, la presión arterial media fue de 126,5/82,5 mmHg, la glicemia promedio de 85,78 ± 33,56 mg/dl, el CT en 198,78 ± 52,76 mg/dl, el cHDL (mg/dl) en 33,13 ± 6,75 mg/dl y los TG en 209,62 ± 104,58 mg/dl. Por último, la leptina se encontró en 24,6 ng/ml, por encima de los niveles normales (2,0-5,6 ng/ml en hombres), la MMP-2 estuvo en promedio en 28,1 ng/ml y la MMP-9 en 7,5 ng/ml.

Por su parte, Lopez-Lopez et al. (25) estudiaron a 5026 pacientes en varias ciudades, incluida Armenia, y encontraron que la prevalencia general de MetS fue del 42 %, donde el principal factor de riesgo para la puntuación de MetS fue la circunferencia de cintura, sin embargo, no presentaron biomarcadores moleculares en sus resultados, sino la relación entre la circunferencia de cintura y la fuerza de prensión manual.

El estudio de obesidad e inflamación estudiantes universitarios (26) mostró que el 18,5 % presentaron obesidad abdominal, mientras que el 30,9 % de los hombres y el 21,8 % de las mujeres mostraron sobrepeso. La glicemia promedio se encontró normal (87,8 mg/dl en promedio) y se encontraron cifras de glicemia mayores a 100 mg/dl en el 5,3 % de los participantes, además, la insulinemia promedio (8,1 µUI/ml) fue normal en un 94,7 % y se presentaron valores de insulinemia por encima de los niveles normales (> 9 µUI/ml) en el 35, 7 % de los participantes. Por otra parte, el 18,5 % de los pacientes mostraron resistencia a la insulina con base en un índice HOMA-IR > 2,5. Adicionalmente, se midieron indicadores de inflamación y se encontró el interferón gama en promedio de 4,6 pg/ml, la interleuquina-6 en promedio de 5,17 pg/ml y el TNFα en 3,2 pg/ml.

En otra investigación, Panesso et al. (27) estudiaron la vitamina D (25-hidroxivitamina D) y su relación con el RCV en una población universitaria y encontraron niveles promedio de 27,7 ng/ml, con deficiencia del 10,4 %, insuficiencia del 58,1 % y suficiencia del 31,3 %. La insuficiencia y la deficiencia fueron mayores en mujeres que en hombres, donde la insulina promedio fue de 7,97 mg/dl, el TNF-α de 3,24 ng/dl, el INF-γ de 3,73 ng/dl y la IL-6 de 4,26 ng/dl, además, el perfil lipídico se encontró en promedio así: CT en 146 mg/Dl, cHDL en 46,9 mg/dl, LDL en 79,2 mg/dl y TG en 99,26 mg/dl.

La medición del RCV se ha hecho con algunos biomarcadores moleculares y al respecto, en el 2015, Álvarez et al. (28), en una población de un programa de riesgo cardiovascular de primer nivel de atención con edad promedio de 64,54 años y sobrepeso (IMC de 27,71 m2/kg), encontraron las HDL en 46,83 mg/dl, las LDL en 126,16 mg/ dl, los TG en 178,07 mg/dl y el CT en 208,6 mg/ dl. La hipertensión arterial fue del 76,48 %, la diabetes mellitus del 20,86 % y el tabaquismo del 9,36 %, donde el riesgo cardiovascular calculado con la escala de Framingham fue del 11,36 % y con Framingham Colombia del 8,52 %. Además, en una población universitaria con promedio de edad de 33,64 años se encontró que el 97,7 % de los participantes tenía un riesgo de 2,54 % de presentar un episodio cardiovascular en los próximos 10 años, según la escala de Framingham, donde los principales factores que diferenciaron a los grupos en cuanto al riesgo cardiovascular fueron la edad y la glicemia, la cual tuvo diferencias significativas por sexo, 85,46 ± 11,64 mg/dl en mujeres y 90,38 ± 11,86 mg/dl en hombres con un valor de p = 0,004 (29).

Discusión

La presente revisión narrativa se enfoca en los estudios sobre biomarcadores moleculares del riesgo cardio-metabólico-renal en una ciudad intermedia colombiana, la cual aporta al conocimiento de los principales indicadores utilizados en el diagnóstico, el tratamiento y el pronóstico de estas enfermedades en una población determinada. Según Metha et al. (30), los nuevos consensos confluyen en la perspectiva cardiometabólica y renal para la aproximación al riesgo, la atención primaria y el cuidado médico.

Sobre la dislipidemia, las alteraciones de los lípidos circulantes (generalmente el aumento), de CT y TG que origina el aumento de la adhesividad y el depósito de estos lípidos en la placa ateroesclerótica (3), sobresale el uso del perfil lipídico, las HDL y las LDL como biomarcadores de riesgo y en poblaciones diversas se observa la tendencia de niveles bajos de HDL. Además, se evidencia el uso de las estatinas para el control del riesgo cardiovascular relacionado con la dislipidemia.

Al respecto, el conocimiento del metabolismo del colesterol, las HDL y las LDL ha orientado los tratamientos con hipolipemiantes que hacen parte del manejo cotidiano del RCV y la guía de la American Heart Association (AHA) y la American College of Cardiology (ACC) recomienda mantener por debajo de 70 mg/dl las LDL para disminuir el riesgo en más del 50 % en pacientes con enfermedad cardiovascular aterosclerótica clínica mediante el uso de estatinas (31) y se hacen las recomendaciones para reducir el riesgo ateroesclerótico en adultos, tales como cambios en el estilo de vida, adherirse a una dieta saludable, realizar ejercicio de manera regular, evitar el tabaco y mantener un peso saludable, todo como un componente clave en la promoción de la salud y la reducción del RCV que incluye síndromes coronarios agudos, antecedentes de infarto de miocardio, anginas estables o inestables, revascularizaciones arteriales coronarias o de otros tipos, accidentes cerebrovascular y enfermedad arterial periférica (TIA), que se presume es de origen aterosclerótico.

Es importante mencionar la relación encontrada entre la dislipidemia y la enfermedad tiroidea que mostró CT y LDL normales con HDL bajas y TG elevados en agricultores de la zona cafetera, donde la prevalencia de hipotiroidismo fue del 8,1 % y el colesterol se encontró elevado en el 50 % de las personas con hipotiroidismo y en el 31 % de quienes no tenían TSH elevada. Estos resultados son similares a los encontrados en otros estudios (32), según los cuales la relación entre disfunción tiroidea y dislipidemia se reportó desde 1930 y se reconoce que el hipotiroidismo puede causar trastornos del metabolismo de los lípidos, tales como el aumento del CT y cLDL-C en sangre, donde existe evidencia que los niveles de CT y la función cardiaca mejoran con el tratamiento de reemplazo de levotiroxina (T4) y que el tratamiento tiene un impacto más significativo en los perfiles de lípidos en el hipotiroidismo manifiesto que en el subclínico. Por lo anterior, es muy importante prestar atención a la relación entre el hipotiroidismo y el metabolismo de los lípidos.

Con respecto a los eventos coronarios, la cardiopatía isquémica incluye la enfermedad de las arterias coronarias, la angina de pecho y el infarto de miocardio (3), donde la medición del nivel de troponina sérica se ha convertido en el biomarcador predominante para la detección de necrosis miocárdica. Adicionalmente, se encontró una prevalencia de infarto agudo de miocardio del 2,49 % en un programa de RCV de primer nivel de atención y de 11,8 % en una UCI, en la cual la troponina I ultrasensible fue de 28,2 ng/ml.

La troponina es uno de los componentes proteicos menores de los músculos esqueléticos y cardiacos, la cual funciona como el componente de unión al calcio en un complejo con la beta- tropomiosina, la actina y la miosina, confiriendo sensibilidad al calcio a los filamentos entre- cruzados de actina y miosina (3). Este es el principal biomarcador de necrosis miocárdica y es el punto de partida en la definición del infarto de miocardio (33). Según Blankenberg et al. (34), al adicionar la troponina en un modelo pronóstico y calcular la mejora de la reclasificación neta (NRI), estos autores encontraron que este biomarcador se considera un factor independiente con un cociente de riesgos de 1,37 para la mortalidad cardiovascular (NRI 0,048 con IC 95 % 0,030-0,066), 1,23 para la enfermedad cardiovascular (NRI 0,017 con IC 95 % 0,008-0,025) y 1,24 para la mortalidad total (NRI 0,013 con IC 95 % 0,007-0,020).

Asimismo, se encontraron estudios de la función renal en población universitaria y en pacientes de un programa de RCV y diabéticos, donde la creatinina se encontró normal en promedio en los estudiantes universitarios y la tasa de filtración glomerular TFG fue normal ≥ 90 ml/min/1,73 m^2. En la población de RCV y diabéticos la TFG fue de 73,53 ± 18,39 ml/ min/1,73 m^2 y de 73,89 ml/kg/1,73 m^2, calculada con CKD-EPI. La ERC es un factor de riesgo cardiovascular y la creatinina se ha utilizado como el principal marcador de la función renal, si bien se proponen nuevos biomarcadores como la cistatina-C (35), no se encontraron estudios al respecto en Armenia.

Sobre la retinopatía, fue predominante la retinopatía diabética y los biomarcadores relacionados fueron la glicemia y la hemoglobina glicosilada, los cuales se encontraron aumentados. Lo anterior coincide con lo hallado en la literatura, según la cual la enfermedad más común que afecta la vasculatura de la retina es la retinopatía diabética (RD); donde la hiperglicemia es el principal determinante a largo plazo de los cambios vasculares en la RD y su prevalencia aumenta con la duración de la diabetes y los niveles de hemoglobina glicosilada (36).

Es importante mencionar que el ojo es un órgano que se ve afectado por el riesgo cardiovascular, lo cual constituye un problema de salud pública porque genera pérdida visual y ceguera que afectan la calidad de vida e implican una carga económica tanto para las personas y sus familias como para el sistema sanitario en general. Por lo anterior, en Colombia, el sistema de seguridad social en salud ha incluido en el marco de las Rutas Integrales de Atención en Salud (RIAS) para la hipertensión y la diabetes la remisión a oftalmología como seguimiento de daño a órgano blanco (37-39)

Por otra parte, la obesidad y el sobrepeso son una acumulación excesiva de grasa corporal que se ha convertido en una pandemia con reconocidos efectos perjudiciales sobre la salud, que usualmente se mide a través del IMC. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el IMC es un indicador de la relación entre el peso y la talla que se utiliza para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos, el cual se calcula al dividir el peso de una persona en kilos por su talla en metros al cuadrado (kg/m^2). Se considera normal un IMC de 20 a 25, se define sobrepeso con IMC igual o superior a 25 y la obesidad con un IMC igual o superior a 30 (40).

El estudio sobre el estado nutricional en una comunidad universitaria en Armenia (22) encontró en promedio a los estudiantes en normopeso y a los docentes y administrativos en sobrepeso. Los biomarcadores como albúmina, globulinas y proteínas se encontraron normales, las HDL se encontraron bajas y los TG en hombres fueron altos.

Se han descrito diferentes tipos de obesidad, pero especialmente la obesidad abdominal está asociada con varios trastornos metabólicos, entre ellos el síndrome metabólico (SMet). Para el diagnóstico de síndrome metabólico en la población latinoamericana se utilizan los criterios establecidos por la Asociación Latinoamericana de Diabetes (ALAD), que son: obesidad abdominal (perímetro abdominal > 94 cm en hombres y > 88 cm en mujeres); triglicéridos (TAG) elevados: ≥ 150 mg/dl o en tratamiento hipolipemiante específico; colesterol HDL (HDL-c) bajo: < 40 mg/ dl en hombres y < 50 mg/dl en mujeres; presión arterial alta: ≥ 130/85 mmHg o en tratamiento antihipertensivo; alteración en la glicemia: glicemia en ayunas >100 mg/dl o intolerancia oral a los carbohidratos (IOC) o diabetes mellitus (DM) diagnosticada. Este conjunto de factores de riesgo pueden clasificarse en cinco grupos: dislipidemia aterogénica, presión arterial elevada, disglicemia, estado protrombótico y estado proinflamatorio. La sumatoria incrementa de dos a cinco veces el riesgo de desarrollar diabetes y el riesgo de ECV en una o dos veces (41); sin embargo, la guía de la práctica clínica del Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia recomendó disminuir el punto de corte de circunferencia de cintura para definir obesidad abdominal en la población adulta colombiana así: ≥ 90 centímetros en hombres y ≥ 80 centímetros en mujeres y se considera indicador de exceso de grasa visceral ≥ 94 centímetros en hombres y ≥ 90 centímetros en mujeres (42).

Según los estudios encontrados en Armenia, la prevalencia del síndrome metabólico en la población general es del 42 % y en el grupo de conductores de servicio público fue del 49,57 % (23, 25). Este último muestra los biomarcadores definidos por la literatura como criterios diagnósticos, con CT y TG elevados con las HDL bajas; también se midió la leptina, que se encontró por encima de los niveles normales (24).

El estudio de obesidad en estudiantes universitarios mostró la relación temprana entre la obesidad abdominal y la resistencia a la insulina, medida con el índice HOMA-IR, ambos con 18,5 % en esta población, donde se encontró más sobrepeso en hombres que en mujeres (26). En esta misma población se encontraron niveles de vitamina D insuficientes en el 58,1 % de los pacientes y deficientes en el 10,4 % de los casos (27). Estos dos últimos estudios midieron los niveles de citocinas proinflamatorias.

Según el grupo de trabajo sobre estructura y función vascular y la Sociedad Artery (43), la inflamación es una respuesta fisiológica a la agresión de agentes patógenos orientada a eliminar el agente agresor y favorecer la cicatrización, sin embargo, la inflamación excesiva puede aportar al daño tisular y a la alteración de la estructura y función arterial.

La obesidad altera la estructura y la función cardiaca y afecta el metabolismo de los lípidos y la glucosa, también aumenta la presión arterial y las citocinas inflamatorias. Las adipoquinas, citoquinas específicas de los adipocitos, están involucradas en la progresión de la obesidad y las comorbilidades asociadas. Varias adipocinas tienen efectos antiinflamatorios y cardioprotectores y otras tienen efectos proinflamatorios en el sistema cardiovascular y la obesidad, como la leptina y el factor de necrosis tumoral (TNF), entre otros (44).

Por su parte, la deficiencia de vitamina D se debe en alto porcentaje a una producción cutánea inadecuada por baja exposición a la luz solar y también a una ingesta dietética baja de vitamina D. Se consideran normales niveles de 25-hidroxivitamina D (25-OH D) > 30 ng/ ml y se considera deficiencia los niveles < 20 ng/ml, los cuales tienen una prevalencia entre el 30-50 % de los adultos. La evidencia ha mostrado una asociación entre la morbilidad y la mortalidad cardiovascular con la deficiencia de vitamina D (45).

La presente revisión aporta que los biomarcadores del riesgo cardiometabólico más usados en la práctica clínica en una ciudad colombiana son los relacionados con el perfil lipídico, los cuales hacen parte de la ecuación de Framingham y de los criterios del síndrome metabólico. También son de uso frecuente la troponina, la creatinina, la glicemia, la hemoglobina glicosilada y la vitamina D.

La evidencia en los estudios sobre el uso de otros biomarcadores moleculares, tales como las subfracciones de las HDL2 y HDL3, la Apo-A1, la LCAT, la CETP y la PON1, la homocisteína la ECA, la insulina y la leptina, las MMP o algunas citocinas es limitada a unos estudios que describen el resultado del estudio en toda la población evaluada y no específicamente en la población a riesgo, sin embargo, constituyen una línea base para otras investigaciones y para el manejo clínico futuro.

Conclusión

La presente revisión aporta que los biomarcadores del riesgo cardiometabólico más usados en la práctica clínica cotidiana en una ciudad colombiana son los relacionados con el perfil lipídico y su tendencia muestra altos niveles de colesterol y bajas HDL. También son de uso frecuente la troponina, la creatinina, la glicemia, la hemoglobina glicosilada, la TSH y la vitamina D. La evidencia en los estudios sobre el uso de otros biomarcadores moleculares es limitada.

Agradecimientos

La autora agradece a la Universidad del Quindío por el tiempo otorgado para realizar el año sabático en el cual llevó a cabo esta revisión.

Declaración de fuentes de financiación

La autora declara haber obtenido fondos de la Universidad del Quindío para la realización de esta investigación.

Conflictos de interés

La autora manifiesta que no existen conflictos de interés.