1
Médico Internista y Endocrinólogo, Centro de Obesidad,
Dismetabolismo y Deporte (COD2), Clínica Las Américas, Medellín,
Colombia.
2
Médica Internista y Endocrinóloga. Docente de Medicina,
Universidad de los Andes. Servicio de Endocrinología, Fundación
Santa fe de Bogotá, Colombia.
Resumen
La infección por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 ha puesto
en jaque a la humanidad desde el punto de vista económico, político,
cultural y sanitario. Su alta tasa de transmisibilidad y mortalidad nos
ha hecho aprender y adaptarnos, de una forma rápida,
a las nuevas condiciones que se presentan en el día a día. Con la
experiencia actual y de pandemias previas, se han detectado múltiples
factores asociados a peores desenlaces, entre los cuales se
encuentra la hipertensión, la diabetes, la obesidad y la desnutrición.
Esta no solo debe ser considerada como una baja masa
corporal, sino también como la incapacidad para preservar una
composición corporal saludable y una masa muscular esquelética
adecuada. De igual forma, los niveles bajos de marcadores de estado
nutricional son predictores de progresión a falla respiratoria
y requerimiento de ventilación mecánica. Por tanto, en los pacientes
infectados por SARS-CoV-2, la evaluación nutricional debe ser
abordada como una prioridad, para evitar desenlaces deletéreos.
Palabras clave: desnutrición, COVID-19
Abstract
Malnutrition
should not only be considered as low body
mass but as the inability to preserve a healthy body composition and
adequate skeletal muscle mass. Malnutrition has been
associated with greater severity and is a predictor of mortality.
Similarly, low levels of nutritional markers are predictors
of progression to respiratory failure and the requirement for
mechanical ventilation. Therefore, in patients infected with
SARS-CoV-2, nutritional evaluation should be approached as a
priority to avoid deleterious outcomes.
Keywords: Malnutrition, COVID-19.
Introducción
La infección por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 ha tenido una tasa de
diseminación en Colombia y en el mundo de
proporciones inesperadas, con más de 230.000 muertes a la
fecha a nivel global (1). Se ha documentado que la mayoría de
las complicaciones graves y muertes luego de la infección se
presenta en adultos mayores y personas con polimorbilidades,
como enfermedad cardiovascular, hepática, renal y cáncer (2-4),
los cuales se caracterizan por un alto riesgo nutricional.
La desnutrición no solo debe ser considerada como una
baja masa corporal, sino también como la incapacidad para
preservar una composición corporal saludable y una masa
muscular esquelética adecuada. El estado nutricional debe ser
evaluado en todos los pacientes infectados con SARS-CoV-2 al
momento de la admisión (5, 6). Para la identificación del riesgo,
se puede utilizar herramientas de tamizaje, como los criterios
MUST (7), o en pacientes hospitalizados el NRS-2002 (8). En
pacientes hospitalizados en la unidad de cuidados intensivos
(UCI) se han utilizado otras herramientas, como el NUTRIC
Score (9) y el GLIM (10). En este último, primero se identifica el
estado de riesgo y luego se evalúa el diagnóstico y el grado de
gravedad de la malnutrición, para lo cual se necesita al menos
un criterio fenotípico y un criterio etiológico. Según la experiencia
en China, se sugirió que el estado nutricional para cada
paciente infectado debe ser evaluado antes de la administración de
tratamientos generales (11).
Para evaluar las necesidades nutricionales también se
pueden utilizar distintos métodos, incluidas ecuaciones predictivas y
calorimetría indirecta. El requerimiento proteico es
de al menos 1 g/kg/d en adultos mayores, siendo mayor en
personas con comorbilidades para prevenir la pérdida de peso
y reducir el riesgo de complicaciones, reingresos y muerte. El
requerimiento de grasas y carbohidratos se ajusta a los requerimientos
energéticos, considerando una relación de 30:70 en
sujetos sin insuficiencia respiratoria y de 50:50 en pacientes
ventilados (12).
Análisis retrospectivos de las pandemias previas han mostrado que la
gravedad del cuadro depende de los factores del
virus y del huésped. Entre los factores del huésped se encuentra el
estado nutricional, la respuesta inmunitaria celular y
humoral y la genética (11). En infecciones virales y bacterianas,
la malnutrición incluso se ha asociado con mayor gravedad y
mortalidad en la población. En análisis multivariados de otros
tipos de infecciones virales, como la influenza, la desnutrición
se ha visto como un predictor de mortalidad (OR: 25,0) (13).
Bajos niveles de prealbúmina han demostrado ser un factor
predictor de progresión a falla respiratoria y requerimiento
de ventilación mecánica (14), por lo cual, en los pacientes infectados
por SARS-CoV-2, la nutrición debe ser manejada de
forma prioritaria, considerando que la respuesta inmunitaria
está debilitada por una reducción en la ingesta (15), aunado a
una disminución del movimiento, los cambios catabólicos y el
estado proinflamatorio, que pueden contribuir a la presencia
de pobres desenlaces en este tipo de pacientes (16).
La mayoría de los pacientes infectados por SARS-CoV-2
presentan inflamación grave y anorexia, que, asociadas a
manifestaciones gastrointestinales tales como náuseas, vómito y
diarrea, alteran la ingesta y la absorción de la comida (17), por
lo que una buena nutrición es una ventaja para las personas en
riesgo. Los sujetos con malnutrición deben buscar optimizar
su estado nutricional, idealmente con asesoría de personal
especializado; preservar el estado nutricional y prevenir o tratar
la malnutrición tiene el potencial de reducir las complicaciones y los
desenlaces negativos en pacientes que pueden presentar infección por
SARS-CoV-2 en el futuro.
La prevalencia de malnutrición en adultos mayores con
CoV-2 es elevada. En un estudio realizado en el Hospital Tongji,
de Wuhan (18), en pacientes mayores de 65 años que fueron sometidos a
una evaluación de su estado nutricional por medio
del cuestionario MNA (
mininutritional
assesment) (19); en los
cuales se consideró un valor menor de 17 puntos como malnutrición,
entre 17 y 23,5 puntos como riesgo de malnutrición y
entre 24 y 30 puntos como sin malnutrición; en 182 casos evaluados se
encontró que el 52,7% (n = 96) presentaba malnutrición y el 27,5% (n =
50) estaba en riesgo de presentarla. No
se encontraron diferencias en cuanto a la edad, el género y las
comorbilidades entre los tres grupos, en términos de antropometría. El
único valor que se correlacionó fue el nivel bajo de
circunferencia de la pantorrilla. El análisis multivariado que
combinó diabetes (OR: 2,12; IC: 1,92-3,21), baja circunferencia de la
pantorrilla (OR: 2,98; IC 95%: 2,29-3,53) y bajo nivel
de albúmina (OR: 2,98; IC 95%: 2,43-5,19) mostró que estos
tres eran factores de riesgo independientes para malnutrición.
Intervención nutricional
A pesar de la escasa evidencia en el abordaje nutricional en
el paciente con infección por SARS-CoV-2, es fundamental evaluar el
estado nutricional desde el inicio de la hospitalización
o del diagnóstico, sobre todo en los pacientes mayores de 65
años y con comorbilidades tales como diabetes, insuficiencia
cardíaca y EPOC, que se asocian a sarcopenia (20), y/o pacientes
con bajo diámetro de la circunferencia de la pantorrilla. También deben
implementarse tempranamente todas las medidas
que busquen recuperar el adecuado estado nutricional del paciente,
puesto que la malnutrición afectará a los pacientes con
esta enfermedad.
Una vez sean detectados los estados de malnutrición, pueden utilizarse
suplementos nutricionales orales (SNO) (6), que
deberán individualizarse según las necesidades del paciente.
Incluso los pacientes de bajo riesgo con SARS-CoV-2 deben
mantener ingestas diarias de proteína, de 1,5 g/d, y calóricas,
de 25-30 kcal/d (6), además del consumo de vitaminas, que
ha mostrado un efecto antiinflamatorio y antioxidante (5), vitaminas
liposolubles (A, D, E y C), entre otras, junto con zinc,
hierro, cobre y selenio. En los estudios se ha observado cómo
el zinc y la piritiona, en bajas concentraciones, pueden inhibir
la replicación del coronavirus del SARS, como coadyuvantes
en la respuesta inmunitaria (21). Sin embargo, su deficiencia se
relaciona con desenlaces desfavorables en infecciones virales
(22), ya sea por una inadecuada respuesta inmunitaria o por la
afectación directa del patógeno.
La hiporexia, como una característica asociada, lleva al bajo
consumo proteico, por lo que algunas revisiones han sugerido la
suplementación de proteínas de suero orales (20 g/d), multivitaminas
intravenosas, multiminerales y soluciones traza desde la
admisión (23). Las proteínas de suero han sido recomendadas,
particularmente por el beneficio anabólico y antioxidante, combinado
con la alta digestibilidad (24) y las propiedades inmunomoduladoras
(25) con potencial actividad antiviral (26). En pacientes con
riesgo nutricional establecido, el inicio de los SNO está dirigido
a garantizar un aporte de 35-55 g/d de proteínas con 600-900
kcal/d, adicionados con las comidas (23).
Los pacientes críticos, con complicaciones respiratorias
agudas que requieren estancia prolongada en la UCI, se asocian
a mayor morbilidad y mortalidad (3, 17,27) y a deficiencia nutricional,
con pérdida de la masa y función muscular esquelética, lo
cual puede llevar a pobre calidad de vida, discapacidad y morbilidades
al egreso de la UCI (28). Las recomendaciones nutricionales de la
Asociación Colombiana de Nutrición Clínica para pacientes
hospitalizados con infección por SARS-CoV-2 sugieren
considerar a todo paciente hospitalizado en UCI por más de 48
horas en riesgo nutricional y realizar una valoración general del
estado nutricional que incluya anamnesis, valoración clínica,
antropometría y marcadores bioquímicos (21).
En caso de que la suplementación oral no sea tolerada y que
la vía enteral genere compromiso en la efectividad de las medidas de
ventilación por la presencia de sonda nasogástrica o
la dilatación gástrica, que puede afectar la función diafragmática y la
efectividad de la ventilación no invasiva (29), se plantea
la opción de nutrición parenteral (30, 31). Además, en estudios
comparativos realizados en pacientes críticos, se observó que
la nutrición enteral ha mostrado una mayor incidencia de emesis,
diarrea y complicaciones gastrointestinales, sin diferencias
en la mortalidad (32). En el contexto de los pacientes con SARSCoV-2,
en quienes se ha reportado síntomas gastrointestinales,
se ha observado una progresión más rápida y peores desenlaces
(33), lo cual altera la tolerancia de la vía enteral.
En los pacientes críticos puede implementarse nutrición
isocalórica luego de la fase aguda de la enfermedad. Si la calorimetría
no está disponible, la medición del consumo de oxígeno (VO2) del
catéter de la arteria pulmonar o la producción de
dióxido de carbono (VCO2) derivado del ventilador proporcionan una
evaluación del gasto energético mejor que las fórmulas
predictivas. Una nutrición hipocalórica que no exceda el 70%
del gasto energético debe darse en la fase temprana aguda de la
enfermedad, con un incremento al 80%-100% luego del día 3.
Los requerimientos proteicos en los días críticos deben ser de
1,3 g/kg/d ajustados al peso ideal; este objetivo ha mostrado
una mejoría en la sobrevida de los pacientes frágiles (34).
Conclusión
La malnutrición es un factor de riesgo independiente, que
se asocia a mayor gravedad de la enfermedad y mortalidad,
no dependiente del grupo etario. Por esto, la implementación
pronta y apropiada de los cuidados nutricionales en los pacientes con
COVID-19 debe ser una medida temprana y prioritaria para evitar los
desenlaces deletéreos.
Conflictos de interés
Ninguno.
Financiación
Ninguna.
Agradecimientos
Queremos agradecer a la Asociación Colombiana de Endocrinología por el
compromiso y apoyo continuo en la educación y participación científica
en temas de alta relevancia.
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