Resumen
La pandemia por coronavirus 2019 (COVID-19) ha tenido diferentes
efectos. Uno de ellos fue concentrar la atención de múltiples
investigadores y clínicos para dedicarse a estudiar y tratar
de entender los retos de esta infección en diferentes poblaciones,
que se han determinado en riesgo de presentar una manifestación más
grave de la infección. La obesidad ha sido recientemente identificada
como una de las comorbilidades de mayor riesgo
junto con la insuficiencia cardíaca, con una probabilidad siete
veces mayor para el requerimiento de ventilación mecánica invasiva. La
obesidad es un factor en la gravedad de la enfermedad
del SARS-CoV-2, que tiene un mayor impacto en pacientes con
un índice de masa corporal (IMC) ≥35 kg/m
2
. Los pacientes con
obesidad, especialmente aquellos con grado severo, deben tomar
medidas adicionales para evitar el contagio con SARS-CoV-2, mediante el
cumplimiento de las medidas de prevención durante la
pandemia actual, si se quiere, de forma más rigurosa.
Palabras clave: obesidad, COVID-19
Abstract
The
2019 coronavirus pandemic (COVID-19) has had different effects. One of
them was to focus the attention of multiple
researchers and clinicians to dedicate themselves to studying
and trying to understand the challenges of this infection in
different populations, which have been determined in risk of
presenting a more severe manifestation of the infection. Obesity has
recently been identified as one of the highest-risk
comorbidities along with heart failure, with a 7-fold greater
probability of requiring mechanical ventilation.
Obesity is a factor in the severity of SARS-CoV-2 disease,
which has a greater impact in patients with a body mass index
(BMI) ≥35 kg/m
2
. Obese patients, especially those with a severe degree, must
take additional measures to avoid contagion
with SARS-CoV-2, and must comply with preventive measures
during the current pandemic, if desired, more rigorously.
Keywords: Obesity,
COVID-19.
Introducción
La pandemia por el coronavirus SARS-CoV-2 (COVID-2019)
ha tenido diferentes efectos. Uno de ellos fue desviar,
momentáneamente, el foco de múltiples áreas de investigación para
dedicarse a estudiar y tratar de entender los retos de esta infección.
De esta manera, se reconocieron diferentes poblaciones en riesgo de
presentar una manifestación de la infección
más grave. En un inicio, se identificaron ciertas morbilidades
que se asociaron a un mayor riesgo de desenlaces negativos;
entre ellas, hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares,
enfermedades respiratorias crónicas, diabetes, enfermedad renal,
enfermedad hepática, inmunocompromiso y, además, grupo etario de
mayores de 65 años (1).
Los reportes iniciales de China (en particular de Wuhan) e
Italia (en especial de la región de Lombardía) informaron las
condiciones comórbidas asociadas a la COVID-19 relacionadas
con la tasa más alta de mortalidad. Estas fueron la enfermedad
cardiovascular (ECV) (10,5%) y la diabetes mellitus (7,3%),
seguidas de las enfermedades respiratorias crónicas (6,3%),
la hipertensión (6,0%) y el cáncer (5,6%) (2); sin embargo, no
proporcionaron datos sobre el peso corporal y la altura para
su caracterización por índice de masa corporal (IMC).
Al mismo tiempo, en forma descriptiva, Puig-Domingo
menciona la experiencia en algunos hospitales en España, en
donde la coexistencia de obesidad grave en pacientes jóvenes
favorecía la evolución hacia la destrucción alveolar, con insuficiencia
respiratoria y muerte (3). Cuando la pandemia llega
a Estados Unidos, un estudio descriptivo, con una pequeña
muestra de 24 pacientes críticos (63% varones) diagnosticados con
COVID-19 en Seattle, fue uno de los primeros en
reportar datos de IMC (3 pacientes con un IMC en la categoría
normal, 7 con sobrepeso, 13 con obesidad y 1 con datos faltantes), y se
documentó que el 85% de los pacientes con obesidad requirieron
ventilación mecánica y el 62% fallecieron.
Estas proporciones fueron mayores que las observadas en
pacientes sin obesidad, de los cuales, el 64% requirió ventilación
mecánica y el 36% murió. Lo anterior generó una alerta
para la búsqueda de la asociación de obesidad con un peor
desenlace en pacientes con esta patología y determinar así si
había correlación (4).
Relación entre obesidad y COVID-19
La obesidad debe comprenderse como una patología crónica con
determinantes genéticos y ambientales, que implica
la acumulación de grasa, particularmente, a nivel visceral y
en otros órganos (ectópica), y genera una activación interrelacionada
de múltiples adipocinas y una respuesta de insulinorresistencia
compensadora. Estos tres fenómenos suscitan,
a su vez, un estado de inflamación latente y persistente en el
individuo obeso, una alteración de la fibrinólisis, la elevación
de las cifras de presión arterial y de la glucemia, entre otros
procesos (5, 6). De igual forma, el tejido adiposo en obesidad es
proinflamatorio, con una mayor expresión de citocinas, particularmente
las adipocinas. También cursa con una expresión
de leucocitos y macrófagos, que reemplaza el tejido regulador
(M2). La obesidad
per se es
un factor de riesgo independiente
y causal para el desarrollo de una enfermedad mediada por
el sistema inmunitario (7), lo que sugiere que dicho estado de
adipositis puede tener consecuencias inmunitarias sistémicas
tras una provocación ambiental adicional. En términos de defensa del
huésped, la obesidad afecta las respuestas inmunitarias adaptativas al
virus de la influenza (8) y, posiblemente,
podría hacerlo con el SARS-CoV-2. Las personas obesas pueden exhibir
una mayor eliminación viral, lo que sugiere, a su
vez, un potencial de gran exposición viral y, por ende, mayor
carga. Esto podría facilitarse en hogares multigeneracionales
superpoblados o en viviendas multifamiliares, que son más
comunes en las comunidades socioeconómicamente desfavorecidas, en donde
la obesidad es prevalente.
La obesidad se considera una condición de inflamación
crónica leve, como ya se mencionó, y las interleucinas (IL)
pueden influir en la función de las células grasas de diversas
maneras. Las interleucinas proinflamatorias que aumentan
en personas obesas, como el factor de necrosis tumoral alfa
(FNT-α), IL-1α e IL-6 secretadas por los macrófagos tipo I
(MCP-1), inducen efectos indeseables que conducen a resistencia a la
insulina y complicaciones cardiovasculares en pacientes con exceso de
peso. El estrés del retículo endoplásmico
asociado al aumento de la generación de radicales de oxígeno
y la lipotoxicidad activan a los inhibidores kappa-beta (Iκβ),
que conducen, a su vez, a la activación del factor nuclear kappa
B (FN-κB) en el tejido adiposo; de forma alterna, el aumento
de la presencia de mediadores inflamatorios en el tejido adiposo puede
aumentar la producción de las citocinas (9).
En la infección por SARS-CoV-2, se ha observado una
respuesta exagerada caracterizada, principalmente, por la
secreción de citocinas proinflamatorias aberrantes asociada
a gran cantidad de macrófagos alveolares, con disminución
de células T-CD4+ y T-CD8+, pero no con células B, con
sobreproducción de IL-6, IL-2R, IL-10 y FNT-α, ni disminución
de la expresión de interferón gamma (IFN-γ), lo que se ha
correlacionado con la gravedad de la enfermedad. La manifestación más
grave se conoce como tormenta de citocinas, que
representa un episodio inflamatorio hiperagudo asociado a un
pobre pronóstico en pacientes con COVID-19 y comparte algunas
características con los hallazgos fisiopatológicos arriba
descritos en el paciente con sobrepeso u obesidad (10).
Obesidad como condición de riesgo en
COVID-19
La obesidad o el exceso de masa de grasa ectópica puede
ser un factor detonante de la infección grave por COVID-19,
que reduce la reserva cardiorrespiratoria y potencia las alteraciones
inmunológicas que podrían mediar la progresión a
la enfermedad crítica y a falla orgánica en una proporción de
pacientes con esta patología.
A nivel cardiometabólico, la obesidad está causalmente relacionada con
hipertensión, diabetes, enfermedad coronaria,
accidente cerebrovascular, fibrilación auricular, enfermedad
renal e insuficiencia cardíaca (11, 12). Sin embargo, la obesidad
ha sido descrita como un factor de predisposición independiente para la
infección pulmonar H1N1 grave (13), por ejemplo. Además, la obesidad
abdominal se asocia con una ventilación deteriorada de la base de los
pulmones, lo que resulta en
una saturación reducida de oxígeno en la sangre. Así mismo,
la inflamación crónica de bajo grado, característica de la obesidad
abdominal, puede afectar la respuesta inmunitaria (6) y
tener efectos sobre el parénquima pulmonar y los bronquios.
Todo lo anterior puede explicar la asociación de obesidad con
la gravedad de la enfermedad del SARS-CoV-2, la cual parece
tener un mayor impacto en pacientes con un IMC ≥35 kg/m
2
.
Los pacientes con obesidad, especialmente aquellos con grado
severo, deben ser muy estrictos en el cumplimiento general de
las medidas de salud pública, confinamiento, distanciamiento
físico, higiene exhaustiva, entre otros, para disminuir la probabilidad
de contagio y el desarrollo de enfermedad por el nuevo
coronavirus 2019.
Evidencia de la relación entre obesidad y
gravedad de la COVID-19
A medida que nuevos reportes son publicados, se relaciona más
estrechamente a la obesidad con la infección más grave
por COVID-19 y con mayor riesgo de muerte.
En una evaluación retrospectiva que buscó evaluar la relación entre
peso y requerimiento de admisión a un hospital en Nueva York,
actualmente epicentro de la pandemia por COVID-19 en Estados Unidos, la
Dra. Jennifer Lighter realizó un
análisis estratificado por edad e IMC. En menores de 60 años,
la presencia de obesidad grado 1 se asoció a un
odds ratio (OR)
de 2 (IC: 1,6-2,6) para requerir admisión hospitalaria y de 1,8
(1,2-2,7) para requerir cuidados intensivos, con respecto a individuos
de peso normal. Los pacientes con obesidad grado 2
(IMC >35) tenían un OR de 2,2 (1,7-2,9) y de 3,6 (2,5-5,3) para
los mismos desenlaces, en comparación con personas de peso
normal (14). Aunque los pacientes menores de 60 años, generalmente, se
consideran un grupo de menor riesgo de gravedad
durante la COVID-19, la obesidad parece ser un factor de riesgo
no reconocido previamente para el ingreso hospitalario y la necesidad
de atención crítica en este grupo etario, lo que indica
que la obesidad en personas jóvenes es un factor de riesgo
epidemiológico que puede contribuir al aumento de las tasas de
morbilidad experimentadas en este subgrupo de sujetos (14).
En la misma ciudad, otra investigación evaluó a 7719 sujetos para
infección por SARS-CoV-2, de los cuales, 4103 (48,7%)
fueron positivos para enfermedad por COVID-19. Las características
poblacionales mostraron una mediana de edad de 52 años,
50,5% de género masculino. En cuanto a las comorbilidades,
un total de 614 sujetos (15,0%) tenían diabetes, 1100 (26,8%)
obesidad y 1235 (30,1%) enfermedad cardiovascular. De igual
forma, se evidenció en pacientes hospitalizados una duración
media de estancia hospitalaria de 4,8 días (IC: 3,3-7,6) (15).
Un estudio reciente, que incluyó 383 pacientes con COVID-19 atendidos
en el Hospital de Shenzhen, en China, buscó
determinar la asociación de obesidad con cuadros graves de
enfermedad por SARS-CoV-2. Se encontró que el sobrepeso se
asoció con un 86% más de riesgo y la obesidad con un 142%
más de riesgo para desarrollar neumonía grave en comparación con los
pacientes de peso normal en modelos estadísticos
que controlaron posibles factores de confusión (16). En esa misma
dirección, una cohorte retrospectiva de pacientes en Lille
(Francia) encontró que el 47% de los pacientes admitidos eran
obesos y la proporción de pacientes que requerían ventilación
mecánica invasiva aumentaba por categorías de mayor IMC. El
OR para requerir dicho soporte invasivo en pacientes con IMC
mayor de 35, con respecto a los de menos de 25, era de 7,36
(1,63-33), luego de ajustar para otras variables de riesgo (17).
Conclusiones
Los anteriores hallazgos, ya evidenciados en otras pandemias, permiten
aconsejar medidas de prevención para la
población con obesidad, aún jóvenes y sin otros factores de
riesgo, dado un curso potencialmente más ominoso de la enfermedad en
ellos. Así mismo, en aquellos pacientes obesos
que la desarrollen, una observación activa más estrecha y minuciosa
debe ser instaurada, dada su facilidad para desarrollar
complicaciones más graves e incluso morir.
Corroborando lo mencionado por el Dr. Stefan (18), la obesidad es un
factor de riesgo principal para esta enfermedad,
al igual que para un deterioro de la salud metabólica (como
dislipidemia y resistencia a la insulina) y también está relacionada
con un mayor riesgo de neumonía. La medición de las
características antropométricas y los parámetros metabólicos
son cruciales para estimar mejor el riesgo de complicaciones
en pacientes con COVID-19.
Conflictos de interés
Ninguno.
Financiación
Ninguna.
Agradecimientos
Queremos agradecer a la Asociación Colombiana de Endocrinología por el
compromiso y apoyo continuo en la educación y participación científica
en temas de alta relevancia.
Referencias
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Control and Prevention. Coronavirus Disease 2019
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